Adrián Corona, presidente de Grupo Corona y figura prominente de la industria tequilera, fue localizado sin vida en el municipio de Atenguillo, confirmando que en Jalisco ni el prestigio ni el peso empresarial blindan contra la inseguridad.
La Fiscalía del Estado de Jalisco rompió el hermetismo este día para confirmar el hallazgo. El cuerpo del empresario no solo presentaba el rastro de un impacto de proyectil de arma de fuego, sino también evidentes huellas de violencia, signos de la brutalidad con la que se operó durante su cautiverio.
Adrián Corona había sido privado de la libertad en los últimos días de 2025. Pese a los esfuerzos iniciales y el manejo discreto que suelen tener estos casos para preservar la integridad de la víctima, el desenlace pone de manifiesto la vulnerabilidad de los sectores productivos en la región.
La Vicefiscalía Regional ha tomado las riendas de la investigación. Sin embargo, en un estado donde las cifras de desaparecidos y homicidios de alto impacto no dan tregua, la pregunta en el gremio empresarial es obligada: ¿Quién sigue?
Este no es solo el homicidio de un hombre de negocios; es un golpe directo a la línea de flotación de una de las industrias más emblemáticas de México. Mientras las autoridades "mantienen abiertas las investigaciones para esclarecer el homicidio", la realidad es que el sector tequilero hoy no brinda por el éxito, sino que guarda un luto teñido de indignación.
La justicia en Jalisco tiene una deuda pendiente que, con este caso, se vuelve más impagable que nunca.
