Estamos entrando formalmente a la recta final para el inicio de las precampañas rumbo al proceso electoral de 2027. Para el ciudadano de a pie, esto significa el regreso del bombardeo de spots, espectaculares mal diseñados y promesas de cartón. Para la clase política de Puebla, significa el inicio de la temporada de caza: el momento exacto donde se afilan los cuchillos por la espalda y se olvidan las ideologías con tal de asegurar un hueso en la próxima administración.
La joya de la corona, como siempre, es la alcaldía de la capital poblana. Y los movimientos bajo la mesa ya comenzaron a ensuciar el tablero.
El juego de Pepe Chedraui: El arte de no trabajar y dividir
Por un lado, tenemos al actual alcalde, Pepe Chedraui. Su gestión en la capital ha destacado más por los vacíos y la falta de resultados tangibles en las colonias que por un verdadero compromiso. Sin embargo, fiel a su estilo de negociador de élite, ya busca la reelección a costa de lo que sea. Bueno, casi.
La estrategia de Chedraui no consiste en ganarse a los poblanos con trabajo comunitario, sino en operar una perversa ingeniería política dentro del morenismo. Su tirada es sumar a los grupos huérfanos del poder: los simpatizantes de Claudia Rivera, las estructuras que dejó Sergio Salomón y los reductos de los Huerta. ¿El objetivo real? Crear un bloque de presión interna y poner a toda esa militancia en contra del gobernador Alejandro Armenta. Una jugada de alto riesgo que busca fracturar al partido oficialista desde adentro, un tema del cual les contaré a detalle en las próximas columnas porque la red de complicidades es profunda.
El cinismo naranja y el desconcierto azul
Quien tampoco tuvo empacho en abrirse de capa fue Néstor Camarillo. El ahora senador por Movimiento Ciudadano —tras su pragmático brinco de color— ya declaró con una sonrisa ensayada que está "más que listo" y que solo espera los tiempos legales para inscribirse. Para Camarillo, el cambio de camiseta es un trámite menor si el premio es mantener la vigencia en la nómina pública.
Mientras tanto, en el Comité Directivo del PAN siguen en el limbo. Los panistas poblanos todavía están analizando si para el 2027 irán solos o volverán a morder el anzuelo de las alianzas. Sus derrotas anteriores no fueron casualidad; fueron el resultado directo de sumarse a rémoras y partidos ya olvidados y repudiados por las y los poblanos. Si no entienden que el electorado ya los castigó por esos matrimonios de conveniencia, están condenados a la irrelevancia absoluta.
El balance crítico
El panorama para la alcaldía de Puebla no es de debate de ideas o proyectos de infraestructura para las juntas auxiliares abandonadas. Es un auténtico nido de víboras. Lo que hoy vemos es un análisis descarnado de personajes que ya esperan con ansias el arranque formal del proceso, listos para devorarse entre sí.
Son capaces de traicionarse, romper pactos de sangre y apuñalar a sus propios mentores con tal de mantener el acceso al presupuesto y seguir robando dinero público. Al final, personajes como Pepe Chedraui y compañía nos demuestran que en la capital poblana la política no es un servicio, sino el negocio familiar más rentable del año.
Al tiempo.
