Lo que debía ser un viaje cotidiano hacia el Mercado Morelos se transformó en una escena de impotencia y rabia.
A la altura de la zona conocida como “la Pepsi”, carteristas expertos —que parecen ser los verdaderos dueños de la Ruta M17— atacaron a una mujer que viajaba con su pequeño hijo.
Sin el más mínimo temor a la autoridad, los delincuentes sustrajeron el celular de la víctima. Fue gracias a la valentía de otra pasajera que el robo se hizo público dentro de la unidad, desatando un ambiente de confrontación y gritos, mientras el miedo se apoderaba de los presentes al verse vulnerables en un espacio cerrado y sin un solo policía a la redonda.
Pese al caos y el señalamiento directo, el resultado fue el mismo de siempre en esta gestión: cero detenciones.
Los hampones bajaron de la unidad y se perdieron en las calles de una Puebla que parece haber olvidado lo que es el orden. La sensación de abandono entre los usuarios es absoluta; hoy, subirse al transporte público en la capital es jugar a la ruleta rusa con el patrimonio y la integridad.
¿Dónde está Pepe Chedraui?
Este no es un hecho aislado, es el reflejo de una administración municipal rebasada. Mientras el alcalde se toma la foto, las madres poblanas tienen que cuidar su celular y a sus hijos al mismo tiempo, sabiendo que, si les roban, la patrulla nunca llegará.
La seguridad en Puebla no es un discurso, es una tragedia diaria que Pepe Chedraui se niega a detener.
Hasta el cierre de esta edición, los criminales siguen libres, probablemente buscando a su próxima víctima en otra ruta desprotegida.
