Martes, 20 Enero 2026 18:48

El necro-récord de Pepe Chedraui: Puebla, el mundo maravilloso donde los muertos no votan

Escrito por Henry Sánchez Ortiz

Hablar de cadáveres en Puebla capital se ha vuelto una rutina tan cínica como preguntar por el clima.

"Hoy amanecimos a 10 grados y con un ejecutado en la esquina", parece ser el reporte meteorológico de una ciudad que se desmorona entre eslóganes de colores y cintas amarillas de precaución.

​Todo gobernante aspira a dejar un legado, una huella, una obra magna que lo mantenga vivo en la memoria colectiva. Para Pepe Chedraui, ese sello no será una vialidad o un programa social; su "obra" está siendo un récord histórico de cadáveres y asesinatos. Es el nuevo Guinness de la "Ciudad Imparable": parece que la rosca de reyes no será el único récord mundial que ostente esta administración; el conteo de cuerpos en este enero negro lleva un ritmo mucho más frenético.

​A veces me pregunto si el alcalde tomó como manual de gobierno la filmografía de Luis Estrada. Pareciera que Pepe quiere llevar a la práctica la macabra tesis de la película "Un Mundo Maravilloso": esa distopía donde, para combatir la pobreza, la solución es acabar con los pobres. En la Puebla de Chedraui, la realidad supera a la ficción satírica; el control de las calles no está en el Palacio Municipal, sino en las manos de quienes deciden quién amanece vivo y quién amanece amordazado en Valle Paraíso o en cualquier colonia popular.

​Lo más audaz —por no decir descarado— es que en los pasillos políticos ya se susurra la palabra reelección. ¿A base de qué, Pepe? ¿Con qué cara vas a pararte en una precampaña frente a los poblanos? ¿Qué datos vas a presumir? ¿Los de las fiscalías que no dan abasto o los de los servicios funerarios que son los únicos con crecimiento económico?

​Como decía el maestro Eduardo Galeano: "La tragedia de unos es la dicha de otros". O quizá, Pepe apuesta a que el silencio oculte la sangre. Pero se equivoca. "Sólo los tontos creen que el silencio es un vacío. No está vacío nunca. Y a veces callarse es la mejor manera de comunicarse".

​Si el Alcalde cree que con ignorar la violencia, esta va a desaparecer, está muy equivocado. El silencio de la autoridad no es paz, es complicidad o, peor aún, incapacidad. Los poblanos no necesitan comunicados vacíos; lo ven, lo viven, lo sienten y, trágicamente, lo lloran. Basta mirar por la ventana de cualquier colonia: un nuevo día, un nuevo cadáver abandonado.

​Ese es el legado de la "Ciudad Imparable": una carrera donde la muerte siempre llega primero a la meta.

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