Las autoridades explicaron que la localización del agresor fue el resultado de una labor de rastreo centrada en el automóvil utilizado durante los atentados.
Se detectó que un mismo vehículo aparecía de forma recurrente en los lugares y momentos exactos en que ocurrían los hechos. A través de un patrón de búsqueda y seguimiento con cámaras de vigilancia, se logró identificar el punto de origen de la unidad; sin embargo, el hecho de que no portara placas de circulación retrasó y dificultó las labores iniciales de rastreo.
Toda la información recabada fue analizada en una sala de trabajo conjunta en la FGE, lo que permitió reconstruir los hechos de manera precisa.
El análisis minucioso de las cámaras del C5 confirmó que la presencia del vehículo coincidía con los eventos descritos en diversas carpetas de investigación. Las grabaciones de esos lapsos fueron solicitadas formalmente por el Ministerio Público a la Secretaría de Seguridad Pública, constituyéndose como pruebas documentales fidedignas obtenidas bajo el principio de legalidad.
La colaboración ciudadana y las pruebas forenses también fueron determinantes. Diversas víctimas aportaron descripciones detalladas de las características físicas del responsable. Con el apoyo técnico de peritos del Instituto de Ciencias Forenses de la institución, se logró ubicar al sospechoso.
Tras su localización, se llevaron a cabo diligencias de reconocimiento en las que los afectados confirmaron que los rasgos físicos del detenido coincidían con los del agresor que visualizaron al momento del ataque.
